CÓMO PREVENIR LA RIVALIDAD ENTRE LOS HERMANOS
by Peter Ernest Haiman, Ph.D.
Los padres que tienen dos hijos o más, tienen a su disposición
muchos libros, artículos y videos que tratan sobre cómo prevenir
o manejar la rivalidad entre los hermanos. ¿Pero hasta qué punto
es útil toda esa información? ¿Cuán valiosa es
en realidad?
De hecho,
cuando se trata de la rivalidad entre los hermanos, muchos expertos no hacen
lo que quizás sea lo más importante: observar qué le
pasa a los niños desde el punto de vista emocional. Y como los expertos
no lo hacen, los padres a quienes aconsejan tampoco. Los padres se esfuerzan
mucho por ser útiles al respecto, y lo son, pero desde el punto de
vista de padres cariñosos. No siempre logran entender qué tratan
de decirles sus hijos.
Por un momento, imaginen que ustedes son niños
muy pequeños. Miren
al mundo y siéntanlo a través de la mirada emotiva de un niño.
Un bebé no puede hacer nada por sí solo. Es absolutamente vulnerable.
Necesita de su principal cuidador para que le cuide y satisfaga todas sus
necesidades.
Desde que son muy pequeñitos, los niños necesitan
aprender con qué personas pueden sentirse seguros. Necesitan aprender
en quién
confiar. Necesitan sentirse totalmente seguros del amor de las personas que
son importantes para ellos, para así volverse más fuertes y
no sentirse demasiado vulnerables cuando llega un hermanito. Las investigaciones
demuestran que para desarrollar esa seguridad, los niños necesitan
de un amor que responda y que sea constante; sin embargo, la mayoría
de los expertos en desarrollo infantil no han puesto el énfasis suficiente
en estos descubrimientos.
Comprender la causa de la rivalidad entre los hermanos
es la única forma
en que los padres pueden prevenirla o reducirla. Y la clave es el sentido
de seguridad del niño. La causa de rivalidad entre los hermanos nace
de la idea de que el hermano menor amenaza la seguridad que el niño
mayor tiene en sí mismo.
Observemos detenidamente qué significa sentirse
seguro de uno mismo,
cuando se trata de un niño. El sentido de sí mismo—ya
sea seguro o inseguro—es cómo se siente el niño como individuo
y como miembro de la familia. Es la imagen emocional que cada niño
tiene de sí mismo. En los niños, el sentido de seguridad en
sí mismos
se desarrolla gradualmente a través de las interacciones que tienen
con sus principales cuidadores. La manera en que los padres responden a la
existencia misma de sus hijos es el factor decisivo del sentido de seguridad
del niño.
Imagínense a dos madres que están hablando
por teléfono
y sus hijas de 18 meses empiezan a quejarse. La madre de Jill sostiene el
teléfono
con un hombro mientras prepara el biberón y se lo da a su hija. Jill
se sienta en el piso y lo toma, mientras su madre sigue hablando con su amiga.
La madre de Jane, en cambio, promete a su amiga que la llamará más
tarde. Toma a Jane, la coloca en su regazo, le sonríe y conversa con
ella mientras la alimenta. Además está alerta de cualquier otra
necesidad no satisfecha que pueda estar haciendo que su hija proteste. Es
muy fácil
imaginar cuál de estas niñas se sentirá más amada,
relajada, valorada y segura.
Es muy importante
que los padres se den cuenta de que si sus hijos mayores sienten que sus necesidades
no serán satisfechas, entonces se sentirán frustrados. Esta
frustración
podría convertirse rápidamente en ira, y ésta, a su vez,
ser descargada contra los hermanos menores. Los padres que creen que sus hijos
de 3, 4 ó 5 años ya se sienten completamente seguros, no entienden
las necesidades de desarrollo normal de los niños en edad preescolar.
Estos padres siembran las semillas de la rivalidad entre sus hijos.
Veamos
cómo ocurre esto. Tomemos como ejemplo a un niño de 2 ó 3
años de edad y la llegada de su hermanito recién nacido. El
niño
mayor aún tiene una fuerte necesidad de sentirse seguro del amor de
sus padres, se siente vulnerable, aún está aprendiendo a construir
la confianza. Pero el bebé es muchísimo más dependiente
que él y sus necesidades son aún más fuertes. Y para
el niño mayor, el bebé siempre se lleva todo el afecto y la
atención. ¡Mamá siempre
lo calma cuando llora! ¡Mamá siempre lo alza y lo mece! Las
mismas muestras de atención que el niño más grande sigue
necesitando de su familia, ahora se ofrecen habitualmente al hermano más
pequeño. Es entonces cuando el hermano mayor percibe al menor como
una amenaza a su propia seguridad.
El más grande piensa: “Mamá y
papá me daban todo su
amor y su atención. Eso me hacía sentir especial. Me sentía
seguro. Ahora todo se lo dan al bebé… y no a mí. Estoy
triste. Tengo miedo. ¡Estoy enojado! Cuando el bebé obtiene todo
lo que quiere porque es más dependiente que yo, está amenazando
el sentido que tengo de mi mismo”. Es obvio que los niños no
expresan con tanta claridad sus pensamientos, pero esencialmente, esto es
lo que sienten. Y cuando las poderosas y tempranas necesidades de amor, atención,
reconocimiento y de sentirse en un ambiente confiable no han sido satisfechas
adecuadamente, dicha amenaza se vuelva especialmente grave.
Esta es la causa
de la rivalidad entre los hermanos: el hermano mayor percibe la existencia
misma de su hermano menor como una amenaza a su propia seguridad. Si esta
es la causa de la rivalidad, entonces la prevención o la cura
es inherente a la causa. La rivalidad entre los hermanos puede prevenirse
si el mayor aprende a ver la presencia del menor como algo que aumenta la
seguridad en sí mismo.
Pero ustedes
se preguntarán cómo lograr esto con sus hijos en la vida cotidiana.
Si son capaces de mirar a través de los ojos emocionales de sus hijos
mayores, lo que tienen que hacer les resultará obvio. Miren estos ejemplos:
Muchos
niños
de 3 a 5 años asisten a guarderías o a jardines preescolares,
y conocen a un maestro. Los ven como personas importantes y útiles.
Se sienten orgullosos cuando sus padres los comparan con un maestro. Esta
expresión
paternal/maternal de amor y reconocimiento, por lo tanto, construye en el
niño
mayor la seguridad en sí mismo y reduce o elimina la rivalidad entre
los hermanos.
Por ejemplo, cuando el bebé empieza a gatear, ustedes
pueden dirigirse al hermano mayor y decirle alegremente: “Mira, tu hermana
está empezando
a gatear. ¿Sabes quién le enseñó a hacerlo? ¡Tú!
Te está imitando. ¡Qué buen maestro eres!”
Así,
el niño mayor recibe el amor y el reconocimiento de sus padres. ¿Y
cuál es la causa de esos sentimientos positivos? Desde el punto de
vista del niño, la causa será el bebé. ¿Para qué seguir
siendo despectivo o sentir rivalidad por el hermano menor cuando el mayor
ve que justamente gracias al hermano menor está recibiendo más
afecto, atención y reconocimiento de sus padres?
Cuando el hermano menor
empieza a usar el tenedor y la taza a la hora de cenar, pueden mirar al mayor
y susurrarle con entusiasmo: “¡Mira, tu hermano
puede agarrar la tasa solito! ¿Quién crees que le mostró cómo
hacerlo? ¡Tu hermanito aprendió de observarte! Como le agradas,
trata de imitarte. Eres alguien muy importante. Estamos orgullosos de ti”.
Cuando el hermano menor se apropie del juguete del mayor, para evitar la Cuarta
Guerra Mundial, pueden abrazar al hermano mayor, mirarlo a los ojos y decirle: “¡Tu
hermana ha estado observándote jugar! Está intentando imitarte
y hacer las cosas tal como las haces tú. Eres un hermano mayor genial.
Podrías jugar con ella y mostrarle otras cosas que sepas hacer”.
Otra forma en que los padres pueden contrarrestar la rivalidad entre los hermanos
es mostrándoles cómo cooperar. Pueden enseñarles a cooperar
y explicarles el valor de la cooperación. Por ejemplo, a la hora de
cenar, la mamá cocina mientras el papá pone la mesa. Esta escena
suele ocurrir en silencio. Y se pierde una gran oportunidad de enseñarles
valores. En vez de estar en silencio, el papá podría decirles
los niños: “Miren,
nuestra familia es un equipo. Creemos en la importancia de trabajar juntos.
Podrían
ayudarme a poner la mesa. ¿Qué color de servilletas quisieran
poner en la mesa esta noche, rosado o verde?”
A medida que crecen, los
niños pueden participar en tareas de cooperación
más avanzadas, y también en actividades divertidas, ya sea entre
ellos o con los miembros adultos de la familia. Cuando un hermano ayuda a
otro, pueden reconocer esa conducta diciéndole: “Ven, pudieron
hacerlo porque cooperaron. ¡Estamos orgullosos de ustedes!”
Mostrar
conductas cooperativas y conversar al respecto, puede mejorar las relaciones
interpersonales entre los miembros de la familia. Pero lo único y lo
más
importante que los padres tienen que entender es que el hermano mayor debe
darse cuenta de que su hermano menor no es una amenaza. Los padres deben asegurarse
de que el hermano mayor sienta que el menor es un recurso para reafirmar la
seguridad en sí mismo. Este es el remedio básico contra la rivalidad
entre los hermanos.