por el Peter Ernest Haiman, Ph.D.
Durante generaciones, los padres han buscado una forma confiable y segura
de manejar la mala conducta de sus niños. La técnica de disciplina
más reciente y popular es tiempo fuera (en inglés se
conoce como time-out, cuya definición en español sería “momento
de reflexión a solas” o “aislamiento”). Que esta
técnica sea mejor que dar nalgadas, no significa que sea una forma
apropiada en que los padres hacen frente a la mala conducta de sus hijos.
Además, el uso del tiempo fuera puede generar problemas de conducta
posteriores. Estos problemas pueden afectar el bienestar de los niños
y perjudicar gravemente la relación entre padres e hijos.
La conducta infantil es un síntoma
Los niños se comportan de determinada manera por una razón en
particular. La conducta infantil está determinada, en su mayoría,
por cómo los niños sienten que sus necesidades físicas
y psicosociales son satisfechas. En cada niño esas necesidades son
fuertes, y los niños son, por naturaleza, sensibles a sus propias necesidades.
Si alguna de sus necesidades o más no fueran satisfechas, los niños
rápidamente se sentirán incómodos.
Al sentirse incómodos,
empezarán a gritar. El grito de los bebés
y los niños más pequeños anuncia sentimientos de frustración.
Esos gritos se han generado como un mecanismo de supervivencia que logra llamar
la atención de los padres. El propósito del grito es conseguir
el tipo y la calidad de amor y cuidado parental necesarios para satisfacer
adecuadamente sus necesidades insatisfechas. De esta forma, gritar crea en
los niños un sentimiento de seguridad. La mala conducta de niños
mayores y adolescentes es un grito de ayuda que anuncia la frustración
que sienten porque sus necesidades no han sido satisfechas.
Los gritos y la
mala conducta de los niños y los adolescentes son,
en cierto modo, muy parecidos a tener la garganta inflamada, la nariz tapada,
sentir dolor muscular o tener fiebre. Son todos síntomas. Y todos tienen
una causa. El médico sabe que cuando logre eliminar el virus o las
bacterias que causan los síntomas físicos, el malestar irá desapareciendo.
De la misma forma, cuando los padres diagnostican correctamente y suministran
a sus hijos niños y adolescentes las medicinas para sus necesidades
insatisfechas, los síntomas de griterío y mala conducta desaparecen.
A
ninguna edad nos gusta sentir frustración porque existen necesidades
importantes que no han sido satisfechas. Sin embargo, los niños pueden
molestarse bastante y demandar cuando sus necesidades no son satisfechas.
Sus arrebatos de ira, que suelen ser intensos, son el resultado, en parte,
de su naturaleza dependiente. A diferencia de la mayoría de los adultos,
los niños no tienen la capacidad de satisfacer sus necesidades por
sí mismos. Son físicamente incapaces de hacer la mayor parte
de las tareas que implican cuidado personal. Por naturaleza, también
tienen necesidades y vulnerabilidades emocionales fuertes. Por otra parte,
a diferencia de la mayoría de los adultos, los niños pequeños
son incapaces de tolerar adecuadamente la frustración. Además,
los bebés, los niños más pequeños y muchos niños
en edad preescolar son incapaces de identificar cuál es la necesidad
insatisfecha que les hace enojar. Esto hace que para la mayoría de
los niñitos sea imposible decirles a sus padres qué les molesta
y por qué a menudo son incapaces de satisfacer sus necesidades por
sí solos.
En qué consiste el tiempo fuera
Cuando usan esta técnica, los padres primero piden firmemente que sus
hijos dejen de comportarse mal y se callen. Luego, les piden que vayan a una
habitación, que se sienten solos y que permanezcan allí, alejados
de sus padres. Se los reprende diciéndoles que no salgan de la habitación
hasta que hayan sido capaces de controlar su conducta. Al aplicar esta técnica,
sin embargo, se prolonga el tiempo que los niños deben resistir su
sentimiento de frustración por necesidades insatisfechas. Justamente
el mismo sentimiento que provocó su mala conducta. De esta forma, a
medida que transcurre el tiempo fuera, las necesidades normales insatisfechas
les producen cada vez más incomodidad. Los niños más
pequeños dependen de los padres, quieren estar con ellos, amarlos y
necesitar de ellos.
Lo que exacerba la frustración, es el hecho de que
los niños
permanecen solos, lejos de sus padres en quienes ellos deben confiar para
poder satisfacer sus propias necesidades. Esta separación forzada de
sus fuentes básicas de comodidad, seguridad y bienestar aumenta considerablemente
la pena de los niños. Estar solos reflexionando en una habitación
o un rincón, también puede crear otros sentimientos perturbadores
que los niños deben soportar. Suelen aparecer emociones dolorosas,
como el temor y la preocupación. Los niños frustrados que deben
sentarse en silencio y solos para reflexionar, con frecuencia se enojan. Aunque
estos niños no expresen su enojo mientras están reflexionando,
a menudo lo expresan enojándose y desafiando a sus padres cuando les
permiten salir del tiempo fuera. Esta práctica de aislar a los niños
para que reflexionen solos puede, en sí misma, ser la causa de malas
conductas futuras porque estar solo y ser sometido a un “momento de
reflexión” son cosas que aumentan la frustración de un
niño que ya se siente frustrado.
Los dilemas y los conflictos interpersonales
se resuelven mejor cuando cada persona tiene suficientes oportunidades de
hablar y de ser escuchado por el otro. Para que los niños aprendan
a solucionar los problemas saludablemente, es esencial mostrarles, iniciar
y practicar el proceso del diálogo
abierto. ¿El tiempo fueraaporta algo a este proceso? Para que los niños
desarrollen la capacidad de expresar con palabras sus sentimientos y necesidades,
en vez de enviarlos a reflexionar solos, sería mejor que los padres
los ayuden a hablar sobre cómo se sienten y les tengan mucha paciencia.
La aplicación frecuente del tiempo fuera y sus efectos crónicos
Cuando los niños se sienten frustrados e incómodos, el tiempo
fuera los obliga a estar en silencio y a sentirse rechazados por sus padres.
Cuando un niño se comporta mal y se lo envía a reflexionar,
se siente herido. Este dolor, combinado con la frustración que provocó su
mal comportamiento, impulsa el nacimiento del enojo. Y la práctica
de disciplinas como el tiempo fuera, que generan en los niños dolor
y enojo, también puede dañarlos.
Una consecuencia grave que podrían
sufrir los niños enviados
al tiempo fuera, es la lección de que cuando sentimos emociones que
nos hacen sentir incómodos debemos contenerlas. Cuando están
molestos en el tiempo fuera y son incapaces de expresar los sentimientos angustiantes,
los niños necesitan desesperadamente poner un freno a los sentimientos
de dolor que sienten. Para ello, aprenden a ignorar a la energía que
proviene de su dolor y de sus sentimientos de enojo, o aprenden a distraerse.
Así es como estos niños aprenden a reprimir sus sentimientos
de dolor. En este proceso, pueden aparecer hábitos nerviosos, entre
ellos, chuparse el dedo pulgar, comerse las uñas, tironearse el cabello,
rascarse la piel, jalarse la ropa, pellizcarse y muchas otras conductas similares.
El propósito de estas conductas es alejar a los sentimientos que los
hacen sentir incómodos, y al identificarse con las críticas
que le han hecho sus padres, autocastigarse. Estas estrategias de defensa
sirven para liberar el enojo y hacen que los niños ignoren a los sentimientos
que los hacen sentir incómodos.
Como resultado, no percatarse de los
sentimientos verdaderos podría
volverse una característica distintiva de la vida de una persona. Esto
reduce la conciencia de uno mismo que debería tener una persona y podría
afectar la calidad de vida para siempre.
Cómo criar hijos que se comporten bien
Una forma mejor en que los padres pueden criar hijos que se comporten bien
y autodisciplinados es satisfaciendo sus necesidades y deseos normales
de manera sensible y continua, demostrándoles y expresando valores
humanos en las interacciones cotidianas con sus hijos, y exponiéndolos
a experiencias de vida que refuercen estos valores. Los niños problemáticos
y mal criados se forman cuando los padres no satisfacen sus necesidades
y deseos normales, de manera continua y adecuada.
¿Y cuáles son las necesidades básicas y normales de la
niñez? Las necesidades físicas de los niños se satisfacen
mejor cuando éstos son físicamente sanos, están bien
alimentados, hacen ejercicio adecuadamente y no están cansados. Las
necesidades sociales y emocionales de los niños estarán satisfechas
cuando los niños reciban, de manera suficiente, continua y gratificante,
la atención, el afecto y el reconocimiento de sus padres y demás
adultos/niños a quienes están emocionalmente ligados. Las necesidades
intelectuales de los niños estarán satisfechas cuando la curiosidad
normal, las ganas naturales de explorar y sus intereses intrínsecos
tengan habitualmente la oportunidad de expandirse y desarrollarse. La necesidad
normal de tener cierto control sobre sus propias vidas y de expresar su voluntad
estarán adecuadamente manejadas cuando los niños pequeños
tengan la oportunidad, dentro de un ambiente seguro y confiable, de ser poco
a poco más independientes, elegir y participar significativamente en
la toma de decisiones.
Es muy importante que los padres, tanto actuales como
futuros, aprendan cuáles
son las características normales de desarrollo de cada etapa de los
primeros años del desarrollo humano. También es importante reconocer
la existencia de un mito virulento que aún se propaga en nuestra sociedad:
la creencia de que satisfacer totalmente las necesidades de un niño
echa todo a perder. Las investigaciones publicadas claramente afirman que
la idea verdadera es justamente la contraria. Los padres criarán hijos
bien disciplinados cuando satisfagan apropiadamente las necesidades de la
niñez y la adolescencia.
Este artículo fue publicado en la revista Mothering Magazine,
mayo-junio de 1998.