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CÓMO PROTEGER EL DESARROLLO EMOCIONAL DE LOS NIÑOS CUANDO LOS
PADRES SE SEPARAN O SE DIVORCIAN
por el Peter Ernest Haiman, Ph.D.
Durante los primeros seis años de vida, los niños desarrollan
el apego emocional a la persona que cotidianamente los cuida; y este desarrollo
es muy importante. La interrupción del mismo puede causar problemas
en la niñez, la adolescencia y la adultez. Conductas esenciales del
bienestar personal e interpersonal forman parte de él. Por ejemplo:
(a) la habilidad para crear relaciones de amor o de cariño profundas
y duraderas, (b) la fortaleza para tolerar la satisfacción imperfecta
de las necesidades personales, (c) las actitudes y el deseo que nos llevan
a cooperar con los demás y (d) la motivación para aprender y
trabajar. El curso de estos procesos es establecido en los primeros años
de vida por la calidad del lazo que se haya creado.
El divorcio y la separación
forman parte de una realidad que afecta profundamente las vidas de cada miembro
de la familia. Antes, durante y después de un
divorcio o una separación se abren distintos tipos de heridas emocionales
profundas. El fin de un matrimonio es el comienzo de batallas feroces y costosas.
Probablemente ninguna sea más destructiva para todas las personas involucradas
que la lucha por la custodia y/o los derechos de visita. A menudo, padres y madres
discuten y tienen amargas peleas para determinar las condiciones según
las cuales pasarán tiempo con sus hijos. Los abogados y los jueces entran
al campo de batalla para ofrecer consejos a sus partidarios y pronunciar sus
fallos. Se consideran las decisiones que favorecen al padre o a la madre; a veces,
los intereses rivales llegan a un acuerdo.
El punto de vista de los niños
Sin embargo, al tomar una decisión, la meta no debería ser favorecer
al padre o a la madre. Las buenas decisiones respetan las necesidades de desarrollo
de los niños y el punto de vista de ellos. Las decisiones inteligentes
desarrollarán y mantendrán la relación de amor que mantienen
los niños con ambos padres. Con frecuencia los padres son incapaces
de ver más allá de sus propios intereses. No obstante, cuando
se trata de minimizar los problemas graves, los padres deben dar importancia
y consideración al bienestar de sus hijos.
Desde el nacimiento hasta
los seis años, los niños son, por
naturaleza, vulnerables. Durante el divorcio o la separación, el bienestar
emocional de los niños corre un gran riesgo. Hay temas importantes
que deberían considerarse.
Ante todo, es importante asegurar que los
niños tengan acceso continuo
y directo al padre con quien hayan desarrollado un apego emocional. En general,
esa persona es la madre. Los estudios realizados por Ainsworth y Bell (1970),
Yarrow (1963), David y Appell (1969), Isabella y Belsky (1991), entre otros,
indican los patrones de conducta que construyen un apego seguro a la persona
que cotidianamente los cuida: (a) el contacto físico cariñoso
entre el adulto y el niño, (b) la constante habilidad de la persona
que cuida al niño para calmarlo con sus abrazos, (c) la sensibilidad
de la persona que cuida al niño ante las señales que da el niño
y la habilidad de programar intervenciones de acuerdo con los ritmos del niño,
(d) el placer mutuo que sienten el adulto y el niño al estar juntos,
y (e) la creación de un ambiente que permita al niño sentir
las consecuencias de sus propias acciones.
Cuando los padres dan a sus hijos
estos elementos, crean una base para una vida emocional saludable. Además,
construyen en la personalidad del niño una elasticidad que en el futuro
le permitirá enfrentar
los problemas y los desafíos de la vida con éxito.
Nadie ha contribuido
más al entendimiento del apego, la separación
y la pérdida en los niños, que el psiquiatra británico
John Bowlby. En sus obras, alienta a las madres a dar a sus hijos pequeños
toda la atención y el reconocimiento que ellos necesiten. Sus estudios
y la investigación de otros llegaron a conclusiones similares. Los
orígenes de los problemas de los niños, los adolescentes y los
adultos, en relación con el apego y el amor que sienten por otra persona,
a menudo yacen en una madre muy poco receptiva o en un rol de madre que cambia
constantemente de personas (Bowlby, 1969).
La cuestión del destete
El segundo tema de importancia durante la separación y el divorcio
es si resulta conveniente destetar a los niños o no. En los Estados
Unidos, el destete se ha vuelto un tema controvertido. Durante el siglo pasado,
el tiempo considerado apropiado para destetar a los niños se ha acortado
a la breve cantidad de tres meses. La opinión pública ha pasado
por alto las necesidades de los niños. El destete natural (iniciado
por el niño) se practica comúnmente en todo el mundo. El destete
debería ocurrir por iniciativa del niño. Y de hecho lo hacen,
en promedio, a los 4,2 años de edad. En su libro, “Breastfeeding:
A Guide for the Medical Profession”, Lawrence (1989) destaca que
las mamadas por placer (y no por la necesidad de alimento) son importantes
para los niños pequeños incluso cuando la edad en que empiezan
a caminar ha quedado bien atrás.
En un artículo del Breastfeeding
Rights Packet de La Leche
League International, Cerutti (1986) discute sobre la importancia que tiene
amamantar para el desarrollo emocional de los niños:
“Quisiera tratar el tema del destete tardío en los Estados
Unidos. Este es uno de los pocos países del mundo en donde el amamantar
no está considerado de moda después de que el niño cumple
de seis a doce meses de edad. Esta creencia es errónea y completamente
anormal, y nace de en principios psicológicos infundados del año
1920.
Los niños que amamantan durante dos a tres años a menudo
se sienten más seguros y menos ansiosos.
El ‘problema’ del destete tardío no yace en la relación
madre e hijo, sino en la percepción distorsionada de dicha relación.
Cualquier cosa que hagamos para interferir con esta relación en los
primeros cuatro años de vida será perjudicial para la crianza
psicológica de los niños”.
En su libro Creative Parenting, Sears (1987) también escribe:
“Si su meta es establecer un lazo placentero entre madre e hijo,
tanto nutricional como emocionalmente, entonces será el niño
el que tendrá que iniciar el destete, que ocurrirá entre las
edades de uno a cuatro años”.
Cuando intervienen los tribunales
El tema del destete ha llegado a los tribunales. Si un niño pasará más
tiempo a solas con su padre, entonces el destete será necesario. Lawrence
(1989) reexamina varios casos judiciales típicos.
“En los Estados Unidos, tres casos individuales han llamado la atención
del autor. En ellos, los padres han buscado la custodia a causa del amamantamiento
prolongado cuando los niños habían mamado sólo por placer
hasta los cuatro años aproximadamente. En dos de los casos, el juez
falló a favor de la madre. En uno de los casos, en Rochester, New York,
el juez falló a favor del padre cuando un testigo experto –un
psicólogo local–, declaró que ‘uno tiene que estar
loco para amamantar durante tanto tiempo’. Parecería apropiado
que los jueces revisen el caso entero y las capacidades de los respectivos
padres, y se abstengan de basar su decisión en prejuicios personales
y testimonios emotivos”.
En casos de separación y divorcio, los padres deben ver más
allá de sus propios intereses y considerar el bienestar de sus hijos.
Un excelente ejemplo es que los niños deberían ser capaces de
mamar cuando lo deseen. El abrazo y el amamantamiento son conductas que construyen
un lazo en los primeros años de vida. Tanto el amamantamiento nutritivo
como el amamantamiento por placer son igualmente de importantes para los niños
de uno, dos, tres y cuatro años de edad. Los tribunales deberían
revisar la historia de desarrollo del niño para determinar quién
es la principal figura de apego. El propósito de esta cuidadosa consideración
es respetar y proteger el lazo que el niño tiene con ese padre. Esto
garantizará que los niños construyan un apego positivo y cariñoso
al padre y a la madre.
Los efectos de la separación
Las decisiones legales pueden tener un fuerte impacto en el bienestar psicológico
de los niños si causaran la separación de su principal figura
de apego. Bowlby (1969, 1973), Ainsworth y Wittig (1969), entre otros, han
llevado a cabo numerosas investigaciones acerca de los efectos que produce
en los pequeñitos la separación. Los resultados de dichos estudios
confirman que algunos niños de hasta seis años de edad podrían
ser lastimados emocionalmente si se los separara del padre que representa
su principal figura de apego. Esos niños podrían volverse ansiosos
y estar afligidos cuando se enfrentan incluso a separaciones breves. Bowlby
(1973) escribió:
“Ha habido –y sigue habiendo– médicos clínicos
y otros interesados en los niños que hallaron/hallan difícil
de creer que el hecho de que un niño pueda acceder o no a su figura
de apego pueda ser por sí mismo crucial para determinar si ese niño
(o un adulto) es feliz o está afligido... Las separaciones que ocurren
cuando el niño es pequeño, juegan un papel importante en los
orígenes de muchos de los problemas emocionales de los adultos”.
Visitas nocturnas
Visitar a adultos que no son su principal figura de apego es un asunto
de gran importancia para los niños, y que puede dañar la
seguridad del apego mismo. Para todos los niños, irse a dormir por
las noches es una transición cargada de una vulnerabilidad y una
sensibilidad particulares. Wolf y Lozoff (1989) realizaron una investigación
sobre cómo los niños pasan de estar despiertos a estar dormidos.
Específicamente, analizaron el momento de ir a dormir y la relación
entre la presencia de la persona que cotidianamente los cuida y el uso
de un objeto de apego (juguete especial, sábana), y chuparse el
dedo. Los autores descubrieron que cuando no estaba la persona que los
cuida, durante la transición al sueño los niños eran
más propensos a usar un objeto de apego. Además, los estudios
hechos en otras culturas sobre los efectos de las prácticas de educación
nocturna de los niños han demostrado que el objeto de apego era
menos común cuando los niños dormían en la misma cama
o habitación que sus madres y eran amamantados por más tiempo
(Gaddini & Gaddini, 1970; Hong & Townes, 1976; Litt, 1981).
Aquí el
problema no consiste en el amor de un niñito por alguno
de sus padres y el amor de ese padre por su hijo. Lo que es fundamental entender
es que el lazo del niño con la figura de apego materna es una relación
significativamente distinta de, incluso, otra relación fuerte de cariño
que pueda tener con otra persona, incluido el padre.
Para el adulto que no
está informado al respecto, el poder del apego
emocional que sienten los niños por su principal figura de apego es
irracional. Si los niños pequeños tienen que estar separados
de esta persona durante el día o la noche, con frecuencia sentirán
ansiedad por la separación y problemas para dormir. Estos niños
tendrán dificultades para dormirse o se despertarán frecuentemente
durante la noche. Para los niños pequeños, dormir significa
separarse, y los problemas al dormir están relacionados a menudo con
la ansiedad de la separación. Tal como Cerutti (1986) y muchos otros
han notado, los niños de tres, cuatro y cinco años de edad podrían
sentirse “completamente aterrorizados si su madre no está cerca”. La
regresión psicológica normal que los niños experimentan
por las noches, hace que permitir las separaciones nocturnas de la figura
de apego maternal sea extremadamente imprudente. Los niños pequeños
deben pasar las noches con su figura de apego principal: la madre.
Efectos en los niños
Desafortunadamente, los mediadores, los jueces y los padres a menudo pasan
por alto las necesidades importantes de los niñitos, e imponen visitas
nocturnas antes de que estén listos para hacerlo. ¿Qué sienten
los niños cuando se los obliga a pasar las noches separados de su
figura de apego? ¿Qué sentimientos se generan en los niños
hacia su padre y su madre? ¿Qué sienten por sí mismos?
Puede ocurrir que los niños pequeños pronto empiecen a sentir
antipatía o a desconfiar del padre que los obliga a pasar la noche
lejos de su figura de apego principal. O que sientan antipatía o
desconfianza hacia el padre que es la figura de apego por no protegerlos
de experiencias indeseadas y dolorosas. Además, podrían empezar
a sentir antipatía o desconfianza hacia sí mismos. Podrían
llegar a verse como la causa del problema, incluso de la separación
o el divorcio.
Las visitas nocturnas y lejos de la persona que cotidianamente
los cuida podrían
debilitar y dañar la seguridad del lazo afectivo. En los niños,
este lazo es una fuente de seguridad y la base para su crecimiento emocional.
Cuando a un niño pequeño se le pide que, contra su voluntad,
pase la noche lejos de la persona que es su apego principal, podrían
surgir problemas emocionales duraderos e interpersonales.
La conducta de un
niño pequeño mostrará si está listo
y si realmente desea pasar la noche lejos de su figura de apego principal.
Cuando los jueces, los mediadores o los padres requieren que un niño
lo haga antes de que éste exprese su interés en pasar la noche
lejos de su cuidador, no están pensando en construir la mejor relación
posible entre el niño y su padre o su madre. Además, los adultos
deberían asegurarse de que después de que empiezan las visitas
nocturnas, la conducta del niño no muestre efectos adversos.
Cuando
los niños experimentan la separación o el divorcio de
sus padres, es común que tengan problemas y que su conducta retroceda.
Aquellos capaces de controlar los esfínteres y la vejiga a menudo dejaban
de hacerlo. Aquellos que dejaron de amamantar por sí solos ahora podrían
volver a amamantar. Los niños extrovertidos podrían volverse
callados o empezar a tartamudear. Los niños que hasta el momento se
habían comportado correctamente, podrían sentir ira y ser agresivos
hacia los demás, y tener rabietas. Los que podían mantenerse
alejados del peligro, ahora podrían lastimarse más a menudo.
Aquellos emocionalmente fuertes podrían volverse frágiles. Los
niños que solían pensar claramente y entender fácilmente
podrían confundirse y les podría resultar difícil comunicarse
racionalmente. Un niño feliz puede volverse malhumorado y deprimido.
Los niños que anteriormente mostraban curiosidad e interés por
su mundo ahora podrían volverse retraídos y pasivos. Los niños
obstinados y desafiantes podrían volverse dóciles y obedientes.
Este último cambio en la conducta puede confundirse erróneamente
con un cambio positivo. En realidad, refleja gran dolor emocional y amenaza.
Al creer falsamente que son ellos los causantes de la separación o
el divorcio, los niños pequeños podrían reprimir los
impulsos normales y apropiados del desarrollo que le permitirán ser
independientes. Podrían abandonarse y castigarse con la atormentada
esperanza de que al hacerlo sus padres, a los que tanto necesitan y aman,
volverán a estar juntos. Es común para los niños pequeños
manifestar alguno de esos problemas o la combinación de varios, en
distintos niveles de gravedad, en respuesta a la separación o el divorcio
de sus padres.
Es importante no culpar ni castigarlos por tales conductas.
Los niños
pequeños reaccionan así cuando se violan la estabilidad y la
seguridad de sus vidas. Para prevenir y/o minimizar estas respuestas, los
padres y demás miembros de la familia deberán crear un ambiente
interpersonal lo más estable y predecible posible. Dicho ambiente deberá concentrarse
en fortalecer el lazo entre los niños y la persona que cotidianamente
los cuida. También deberá mantenerse una relación cariñosa
con el otro padre.
Período normal de dependencia
De todos los primates, el ser humano tiene el período de dependencia
de desarrollo normal más largo. Las prácticas de crianza infantil
de las familias que permanecen intactas y de las que atraviesan una separación
o un divorcio a menudo pasan por alto este hecho. Las necesidades importantes
y profundas de los pequeñitos son, con mucha frecuencia, ignoradas
o satisfechas incorrectamente. Las decisiones que tienen un impacto importante
en la vida de los jovencitos suelen ser tomadas por los padres y otros adultos
que no están debidamente informados para tomar dichas decisiones. Cuando
los jueces, los mediadores y los padres toman decisiones de suma consideración
para el bienestar de niñitos vulnerables, podrían limitar el
daño causado por el divorcio y la separación. Los efectos de
estas decisiones durarán toda la vida.
Referencia:
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Yarrow, L. J. (1963). Research in dimensions of early maternal care. Merrill-Palmer
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Este artículo fue publicado en New Beginnings, una publicación
de La Leche League International, 1994.