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CONSENTIR A LOS BEBÉS Y A LOS NIÑOS: EL MITO QUE PODRÍA
AFECTARLOS PARA TODA LA VIDA
por el Peter Ernest Haiman, Ph.D.
Muchos estudios de investigación aclaran que la siguiente creencia
relacionada con la crianza infantil no es cierta: si constantemente satisfacemos
las necesidades de nuestros pequeñitos terminaremos consintiéndoles.
Lo que más se acerca a la verdad es justamente todo lo contrario. Al
satisfacer sus necesidades, usted hará que sus hijos desarrollen independencia
cooperativa, bienestar emocional y físico, patrones de buena conducta,
y que también puedan concretar sus objetivos. Usted sí hará la
crianza difícil, si con frecuencia no satisface de forma adecuada las
necesidades de sus hijos.
La clave para educarlos mejor y más fácilmente
es la relación
que usted cree con ellos. La satisfacción de un niño—resultado
de responder adecuada y constantemente a sus necesidades normales—hace
que la crianza se vuelva algo placentero tanto para él como para usted.
De
todos los primates, el ser humano tiene el período de dependencia de
desarrollo normal más largo. Las prácticas de crianza infantil
a menudo pasan por alto este hecho. Las necesidades importantes y profundas
de los pequeñitos son, con mucha frecuencia, ignoradas o satisfechas
incorrectamente.
Es importante que el padre con quien los bebés o los
niños estén
emocionalmente apegados esté disponible para ellos en forma continua
y rápida. En general, esa persona es la madre. Numerosos estudios de
investigación
indican cuáles son los patrones de conducta que construyen un apego
firme de los hijos con los padres. Ellos son: (a) el contacto físico
cariñoso
entre los padres y el niño, (b) la constante habilidad de los padres
para calmar al niño con sus abrazos, (c) la sensibilidad de los padres
ante las señales que da el niño y la habilidad de programar
intervenciones de acuerdo con los ritmos del niño, (d) el placer mutuo
que sienten los padres y el niño al estar juntos, y (e) la creación
de un ambiente que permita al niño sentir las consecuencias de sus
propias acciones.
Si los padres constantemente brindan estos elementos a sus
bebés o sus
niños, estarán edificando los cimientos de una vida emocional
sana. Además, construyen en la personalidad del niño una elasticidad
que en el futuro le permitirá enfrentar con éxito los problemas
y los desafíos de la vida.
En realidad, cuando los padres brindan a
sus bebés o sus niños
toda la atención y el reconocimiento que necesitan, lo que están
haciendo es ayudarlos. Los orígenes de los problemas de los niños,
los adolescentes y los adultos, en relación con el apego y el amor
que sienten por otra persona, a menudo yacen en un cuidado muy poco receptivo
o que cambia constantemente de personas. Cuidar a los niños es algo
enriquecedor que el padre, la madre y demás miembros de la familia
pueden ejercer sobre el niño.
Los niños requieren relaciones
interpersonales que fomenten el desarrollo de la confianza. La interpretación
exacta que hacen los padres de las señales que dan los niños
y las respuestas adecuadas que les ofrecen son lo que alimentan en los niños
el sentimiento interno de seguridad y el desarrollo de la confianza. Las investigaciones
nos muestran que cuando a los bebés se los sostiene con frecuencia
y no se los deja llorando se convierten en niños de seis y siete años
con personalidades más
estables, autocontroladas y fuertes, en comparación con los que lloran
y no se les calma rápidamente. Poseen además una mayor autodisciplina
y no son tan dependientes. Al estar con adultos que se preocupan por ellos,
los bebés aprenden a confiar en que otros los ayudarán. También
adquieren confianza en su propia habilidad para obtener la atención
que ellos necesitan.
¿Por qué para los bebés es tan importante
confiar en el mundo que los rodea? Primero: la confianza les permite expresar
su curiosidad. La expresión y el desarrollo de la curiosidad temprana
e intrínseca
son las raíces de la motivación, los intereses intelectuales
y los logros. Segundo: el sentido de confianza en el mundo fomenta la confianza
en sí mismos. Cuando los niños sienten al mundo de sus padres
como un lugar enriquecedor, provechoso y previsible, se arriesgan a “alcanzar” aquello
que desean y a esforzarse para lograr sus metas. Cuando los niños alcanzan
lo que desean y logran sus metas con el apoyo de sus padres, aprenden a confiar
en los demás y en sí mismos. Tercero: la cantidad y la calidad
de las interacciones de los padres con sus bebés podrían determinar
la susceptibilidad a las enfermedades físicas, a partir de los primeros
años de vida.
En un artículo del Breastfeeding Rights Packet de
La Leche League International, Edward R. Cerutti, M.D., discute la importancia
que tiene amamantar para el desarrollo emocional de los niños: “Este
es uno de los pocos países del mundo en donde el amamantar no está considerado ‘de
moda’ después de que el niño cumple de seis a doce meses
de edad. Esta creencia es errónea y completamente anormal, y nace de
principios psicológicos infundados del año 1920. Los niños
que amamantan durante dos a tres años a menudo se sienten más
seguros y menos ansiosos. El ´problema´ del destete tardío
no yace en la relación
madre e hijo, sino en la percepción distorsionada de dicha relación”.
En
un artículo que habla sobre dormir con los bebés, James McKenna,
Ph.D., escribe: “Dormir con el bebé y amamantarlo son acciones
que se refuerzan mutuamente porque biológicamente constituyen un sistema
integrado que ha sido comprobado a través del tiempo y que maximiza—no
amenaza—la
supervivencia del bebé humano y la salud de la mamá. Las investigaciones
muestran que cuando los bebés duermen cerca de las mamás y maman
más, tanto ellos como sus madres duermen más (minutos totales)
que cuando duermen en cuartos separados. Es más, cuando las madres
que habitualmente comparten la cama con sus hijos evaluaron la calidad de
su sueño
en comparación con aquellas cuyos bebés duermen en otro cuarto,
el resultado fue que el sueño de las primeras era igual al de las segundas
o incluso mejor--resultado contrario a las conceptualizaciones populares”.
Nuestros padres y los de generaciones anteriores, siempre han amado a sus
hijos. Sin embargo, no tuvieron buena información que los guíe
en la crianza. Solían guiarse únicamente por la intuición
y las costumbres de crianza de la época. En los últimos cincuenta
años, se
han realizado vastos estudios sobre desarrollo y crianza infantiles. Hoy tenemos
la oportunidad de usar esa información para que nos guíe en
el amor que sentimos por nuestros hijos. En lo que respecta a crianza infantil,
cuando el conocimiento reemplaza al mito, educar es más fácil
y mejor para todos.
Es evidente que el bienestar físico, emocional,
social e intelectual de un individuo durante su vida tiene, como base, a madres
y a padres que satisficieron las necesidades de sus bebés de manera
responsable y constante. Cuando educamos podemos echar a perder la vida y
el futuro de nuestros niños
si como madres y padres con frecuencia no satisfacemos las necesidades de
nuestros jovencitos.