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Peter Haiman, Ph.D.

 

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Las decisiones tomadas en los tribunales de familia que afectan la vida de los niños y que no estén basadas en teorías del desarrollo psico-social respaldadas por la investigación, como la teoría del apego, podrían herir la validez misma de los tribunales. Tales decisiones también podrían causar daños psicológicos en el niño a corto o a largo plazo.

En muchos estados, los niños no tienen su propio representante legal. Cada niño debería tener el derecho de que sus necesidades de desarrollo sean completamente descritas en los tribunales. Si van a tomarse decisiones con conocimiento de causa a favor del niño y si van a establecerse planes de crianza adecuados, deberá comprenderse la historia de vida particular del niño. Esto requiere el entendimiento de la investigación y del niño como ente individual. No puede lograrse solo con abogados. Se necesitan consejeros que entiendan la teoría del desarrollo y la investigación hecha al respecto, y también las necesidades particulares del niño.

Al evaluar un plan de crianza, los pequeñitos y los niños en edad preescolar tienen la habilidad de indicar cuán bien está funcionando. Incluso aquellos que no hablan expresan sus necesidades de forma sutil. Los consejeros son importantísimos en esta etapa, también, para decir ante los tribunales si el plan está funcionando o no. ¿Cuándo este proceso vital se convertirá en algo habitual en el sistema de tribunales de familia? Creo que tenemos un largo camino por recorrer.

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LA INFLUENCIA DE LOS PADRES EN EL LENGUAJE DE SUS HIJOS

por el Peter Ernest Haiman, Ph.D.

La calidad del lenguaje oral que los padres brindan a sus niños y sus bebés tiene una influencia importante en el éxito académico que posteriormente tendrán en la escuela.

La madre es la primera maestra de idiomas que tiene un niño. Las investigaciones muestran que la voz de la madre afecta al bebé mientras está en el útero. Durante las últimas seis semanas de embarazo, un grupo de futuras mamás leyó en voz alta el mismo cuento infantil dos veces al día hasta que sus bebés nacieron. Varios días después del nacimiento, los investigadores pusieron audífonos a cada niño recién nacido y un chupete electrónico en la boca. La frecuencia con que los niños succionaban el chupete cambiaba cuando se les hacía escuchar la grabación de la historia leída por sus mamás cuando ellos aún estaban en el útero. La frecuencia con que los niños succionaban volvió a cambiar cuando la persona que oían en la grabación era una mujer que no conocían. La mayoría de los bebés aprendió a succionar con la misma frecuencia generada al oír a sus madres leyéndoles antes de que nacieran.

La calidad de la relación madre-hijo tiene una influencia importante en la adquisición del lenguaje. Cuando una mamá abraza a su hijo, le sonríe y le habla, provoca en él arrullos, gorjeos y otras expresiones prelingüísticas. La cantidad y el tipo de cariño que se le da a un bebé reflejan la personalidad de la madre. La forma en que una madre siente la maternidad, demuestra si recibe alegremente el nacimiento de su bebé o le teme, y si se siente capaz de cuidarlo. Los sentimientos y la conducta de la madre determinan significativamente el desarrollo lingüístico de sus hijos. Las madres que suelen estar alegres y hablar a sus bebés mientras hacen las tareas habituales facilitarán la adquisición del lenguaje. Por el contrario, las madres que generalmente están preocupadas, indecisas, tensas o calladas mientras interactúan con sus niñitos, podrían causarles retrasos en la adquisición del habla.

Aunque los niños pequeños no puedan hablar, es muy importante que los padres les hablen mientras los alimentan o los visten, les cambian los pañales, juegan o interactúan con ellos. Los estudios demuestran que existe una relación significativa entre la calidad del lenguaje que los niños oyen habitualmente y la calidad del lenguaje que hablarán más adelante. Aunque sean pequeños y no puedan decir ni una palabra, es importante que las madres y los padres usen oraciones completas al hablarles. Si los padres suelen hablar como bebés al dirigirse a sus hijos, el desarrollo del lenguaje se verá obstaculizado.

Cuando los padres hablen a sus niños, bebés y jovencitos en edad preescolar deben usar oraciones complejas. Las oraciones complejas tienen adverbios, adjetivos y frases y cláusulas modificadoras. En vez de decirles “tráeme tu camiseta”, díganles “tráeme tu camiseta roja”. En vez de decirles, “mamá ya va”, díganles “mamá irá contigo en cuanto se seque las manos”. El desarrollo óptimo del lenguaje se fomenta si los padres usan oraciones completas y complejas al interactuar con sus hijos durante los primeros cinco o seis años de vida. Muchos estudios dedicados al desarrollo del lenguaje infantil han demostrado coincidentemente que la forma en que los padres hablan a sus jovencitos determinará el lenguaje de sus hijos y la habilidad que tendrán para comunicarse. El lenguaje, a su vez, moldeará los procesos del pensamiento y la resolución mental de problemas.

Numerosos estudios han derribado otro viejo mito de la educación infantil: “Los niños deberían callarse y dejar hablar a los adultos”.La práctica juega un papel muy importante en el desarrollo de las habilidades lingüísticas de los niños. Los jovencitos que tienen más oportunidades de escuchar y de hablar con adultos serán comunicadores más efectivos y exitosos que aquellos que no gozan de esas oportunidades.

En resumen, los niños que en sus casas están expuestos a un ambiente lingüístico enriquecido y cuyos padres cariñosamente los invitan a hablar serán jóvenes que no solo hablarán con exactitud y claridad, sino que también entenderán lo que sus maestros les digan en la escuela. Las semillas del desempeño académico exitoso han sido bien plantadas en los niños si, desde antes de su nacimiento, han oído a sus padres con oraciones completas y practicado las estructuras de las oraciones complejas modeladas para ellos. Cuando lleguen a la edad escolar esos niños estarán listos para aprender a leer, escribir y pensar usando el idioma, porque estarán familiarizados con él y serán capaces de entender el uso de los patrones de lenguaje enriquecido empleado por los maestros. Estos patrones complejos del lenguaje también son similares a las estructuras de las oraciones que encontrarán en los libros que leen en la escuela.

Referencia:
DeCasper, A. J., & Fifer, W. P. (1980). “Of human bonding: Newborns prefer their mothers' voices”. Science, 208, 1174–1176.



 
 
Peter Ernest Haiman, Ph.D. Derechos de autor ©