por el Peter Ernest Haiman, Ph.D.
¿Ha descubierto que tiene que imponer límites, decir “no” y
regañar a sus hijos con más frecuencia? Entonces deténgase
un momento para observar a sus hijos y a la forma en que usted se comporta.
La conducta de los niños es un síntoma. Es un signo que muestra
si sus necesidades del desarrollo normal están bien satisfechas o no.
Para modificar la conducta, primero debemos entender sus causas desde el punto
de vista infantil. La mala conducta disminuye cuando se logra satisfacer las
necesidades de los niños. Con el tiempo, ellos aumentarán la
capacidad de orientar positivamente su propia conducta.
Los niños que
ejercen la autodisciplina crecen en ambientes que satisfacen sus necesidades
de desarrollo. El ambiente familiar que mejor satisface esas necesidades es
el que fomenta una sensación fuerte de confianza y autonomía.
Confianza
Desde que nacen, los niños necesitan de relaciones que promuevan
la confianza. Las investigaciones han demostrado que cuando a los bebés
se les sostiene con frecuencia y no se les deja desatendidos y llorando durante
lo que para ellos es mucho tiempo (de 60 a 90 segundos) se convierten en niños
de 6 y 7 años con personalidades más estables, autocontroladas
y flexibles, en comparación con los que lloran y no se les calma rápidamente.
Poseen una mayor autodisciplina y no son tan dependientes. Al estar con adultos
que se preocupan por ellos, los niños más pequeños aprenden
a confiar en que otros los ayudarán. También adquieren confianza
en su propia habilidad para obtener la atención que ellos necesitan.
El
desarrollo de la confianza depende de un ambiente previsible. El mundo de
los niños es más previsible cuando las relaciones con los
adultos y los niños importantes para ellos son estables y duraderas,
y cuando la vida cotidiana se compone de rutinas familiares. Las rutinas cumplen
un papel especialmente importante en las horas del día en que los niños
son más vulnerables: a la mañana temprano, a la hora de la siesta,
durante las comidas y a la hora de dormir. En esas horas, la sensibilidad
de los niños aumenta porque están cansados o tienen hambre.
Establecer un patrón regular de actividades puede ayudar mucho a orientarlos
con más facilidad durante esas horas. Con el tiempo, los niños
que tienen rutinas diarias confían en sí mismos para atravesar
con más seguridad las partes del día que son frustrantes para
ellos, tanto física como emocionalmente.
¿Por qué para
los niños más pequeños es
tan importante confiar en el mundo que los rodea?
Primera razón: porque la confianza promueve la curiosidad. La curiosidad
temprana es la semilla de intereses futuros y la motivación para lograr
objetivos. Cuando los niños más pequeños se sienten atraídos
por un juguete o una pila de bloques, quieren alcanzarlos. Desean agarrar
el juguete o construir con los bloques. A medida que la curiosidad aumenta,
crece también cierta tensión o ansiedad. El origen de esta ansiedad
es la incertidumbre. Hasta ahora, nunca habían agarrado un juguete
o construido con bloques. Pero si han aprendido que el mundo externo es estable
y previsible, entonces querrán agarrar esos juguetes. La curiosidad
que sienten vencerá a la incertidumbre. Por el contrario, si han aprendido
que el mundo externo es inestable e imprevisible, entonces no querrán
agarrarlos. Tendrán miedo a ser lastimados o a sentirse defraudados,
y así la ansiedad triunfará sobre la curiosidad. Los padres
que creen un ambiente confiable para sus hijos pequeños, estarán
construyendo una base emocional que ayudará a los niños a vencer
a la incertidumbre y la ansiedad. Con curiosidad, los niños son capaces
de comunicarse con el mundo. Esta base sirve para el aprendizaje futuro y
para que puedan autodirigir sus vidas.
Segunda razón: porque el sentido de confianza en el mundo fomenta la
confianza en ellos mismos. Cuando los niños sienten al mundo como un
lugar enriquecedor, provechoso y previsible, se arriesgan a “agarrarlo”.
Y además disfrutan cuando logran sus metas. Interactuar con la gente,
la naturaleza y las cosas se vuelve una experiencia estimulante. Saben que
pueden vencer a la ansiedad, satisfacer su curiosidad y dar el primer paso
hacia la seguridad interior. Esta interacción con el mundo se llama juego.
Cuando los niños son libres de jugar en un ambiente confiable, el gozo
y la confianza en sí mismos aumentan. Aprenden que ellos mismos pueden
resolver situaciones exitosamente. Con el tiempo, se volverán menos
dependientes de los adultos y podrán autocontrolarse mejor.
Posibilidad de elegir
Hacia finales del primer año de vida, los niños comienzan
a expresar un creciente deseo por la autonomía. Quieren ser más
independientes. Si bien el primer signo puede ser sólo un “destello” de
esta necesidad tan importante, ahora es tiempo de escucharla. Todos los días,
ofrézcale muchas oportunidades para que ejerciten este nuevo sentido
de la voluntad.
Los padres no siempre permiten a sus hijos elegir, ni siquiera
cuando se trata de elecciones sencillas. Por el contrario, sus exigencias
y peticiones hacen que los niños que recién empiezan caminar
luchen por su individualidad. ¿Cuál
es el resultado? Una fuerte resistencia. La palabra “¡no!” anuncia
que los niñitos están luchando naturalmente por lograr su independencia.
Esta es una señal de alerta para los padres; en vez de tantas exigencias,
ofrezca más opciones. En vez de decirles: “es hora de que te
vistas”, pregúnteles: “¿qué calcetines quieres
usar, los verdes o los azules?”. Antes que decirles: “quiero que
te laves los dientes”, dígales: “¿quieres lavarte
los dientes con el cepillo de dientes rojo o el verde?”. Dar opciones
es una técnica de educación que está en armonía
con la necesidad del desarrollo infantil de poner en práctica una floreciente
individualidad.
Cuando los niños tienen entre 1 y 4 años de edad,
esta necesidad normal de ejercitar su voluntad es extremadamente intensa.
Quieren tomar sus propias decisiones y sentirse independientes de sus padres.
Decidir les ayuda a tener una imagen saludable de ellos mismos. Por lo tanto, ¡ofrézcales
montones de oportunidades! Incluso aquellas decisiones que para usted, como
padre/madre, son insignificantes; para ellos no lo son.
Darles la posibilidad de elegir también es fundamental para los padres. Darles
las opciones adecuadas es una forma de no entrar en conflicto con los deseos
de sus hijos. Trate de que las opciones ofrecidas los lleven a comportarse
como usted quiere que se comporten. La pregunta “¿qué camisa
quieres usar hoy, la roja o la amarilla?” conduce a lo que usted quiere
que hagan, o sea, vestirse. Sin embargo, absténgase de ofrecerles demasiadas
opciones o de hacerlo con demasiada frecuencia, ya que esto puede agobiarlos
y provocar resistencia o desinterés.
Para comprobar si sus hijos sienten
como eficaces o agobiantes las opciones que usted les da, hágase algunas
preguntas. ¿La respuesta de
sus hijos le demuestra que usted está creando alternativas tentadoras
y posibles de lograr? ¿El tono de su voz atrae el interés de
sus hijos? ¿Se sentirá capaz de aceptar la opción que
sus hijos elijan? Es decir, antes de preguntarles: “¿esta tarde
tienes ganas de ir al patio de juegos o de quedarte en casa?”, asegúrese
de que ambas opciones sean posibles. La conducta de sus hijos también
le dará pistas. ¿Los ve ansiosos por tomar una decisión?
Si lo están, probablemente les esté ofreciendo opciones válidas. ¿Los
ve molestos con la idea o desinteresados? Entonces reevalúe si ofrecerles
mejores o menos opciones sería más útil.
Además, comprenda que no siempre es posible dar opciones. Puede ocurrir,
por ejemplo, que un día en particular usted no pueda darles a elegir
qué desayuno tomar. Pero sí puede ofrecerles opciones que tengan
que ver con la vestimenta o el orden de las actividades. A diario siempre
encontrará ocasiones para brindarles la posibilidad de elegir.
Pautas adicionales
Las siguientes habilidades y disciplinas para la crianza de sus hijos contribuyen
a crear un ambiente enriquecedor. No son técnicas, estrategias para
manejar la conducta ni soluciones rápidas. Son procesos permanentes
que inspiran conductas positivas en los primeros años de vida. Con
el transcurso del tiempo, estas habilidades y disciplinas se transmitirán
de padres a hijos. Y en consecuencia, los niños serán sus
propios agentes disciplinarios. Los jóvenes gradualmente serán
capaces de “autocontrolarse”.
Entienda la importancia del bienestar físico. Es importantísimo
recordar que los niños necesitan llevar una dieta adecuada, dormir
lo suficiente y hacer ejercicio. Probablemente, aquellos que no hayan comido
o dormido lo suficiente durante el día empiecen a descontrolarse. Hasta
los 7 años aproximadamente, el cuerpo atraviesa ciclos de crecimiento
que suelen ser rápidos y estresantes. Si el desayuno, el almuerzo o
la cena son escasos, no aportarán el combustible necesario para satisfacer
las necesidades físicas de estos años. Para prevenir el mal
comportamiento causado por el hambre o el cansancio que provoca el crecimiento
físico, tenga refrigerios nutritivos a mano. Asegúrese de que
sus hijos descansen o hagan una siesta todos los días.
Use las habilidades del detective. Un buen detective busca los factores
motivantes. Al analizar al acto ilegal minuciosamente y desde distintas perspectivas,
el detective logra entender el propósito del mismo. Entonces comienza
a averiguar quién será la persona que, para satisfacer sus necesidades
personales, tuvo que violar la ley.
Cuando fijan la atención en la mala conducta de sus hijos, los padres
erran el tiro. Tal como el detective, usted debe averiguar detenidamente cuáles
son las causas escondidas detrás de la conducta. Pregúntese: “¿cuáles
fueron las necesidades que motivaron a mi hijo a actuar así?”.
Luego examine la conducta desde todas las perspectivas posibles. “¿Será porque
estaba cansado o aburrido, o porque tenía hambre?” “¿Estoy
satisfaciendo las necesidades de desarrollo de confianza y autonomía
(desde el punto de vista de mi hijo)?” “¿Mi hijo está recibiendo
el afecto, la atención y el reconocimiento adecuados?” Al usar
las habilidades de un detective, generalmente podrá descubrir las necesidades
de desarrollo normal frustradas o las necesidades que dieron origen a la mala
conducta. Con esto en cuenta, podrá prevenir que se establezcan patrones
de conducta negativa.
Sea ejemplo de la conducta deseable. Los niños pequeños
reflejan las actitudes y las conductas de sus padres. De hecho, la actividad
de los padres define lo que para ellos significa una conducta aceptable. Reñir,
pelear, hablar/actuar con sarcasmo, ser irrespetuosos, maldecir y golpear
son influencias negativas muy poderosas. ¿Por qué los niños
imitan algunas conductas de sus padres y otras no? Los niños pequeños
se sienten atraídos fundamentalmente por conductas exaltadas o intensas.
Estos comportamientos llaman su atención de la misma forma en que un
potente imán atrae un alfiler de metal. Maldecir, por ejemplo, es un
acto emocional intenso y que tiene un impacto muy fuerte en los niños.
El tono de voz alto, los sentimientos exaltados y los gestos acentuados de
los padres captan su atención. Rápidamente perciben el uso de
palabras inadecuadas y gestos exagerados como algo especial, algo que les
entusiasma hacer. Y pronto adquirirán los mismos hábitos y el
mismo vocabulario que sus padres. Un comportamiento tan malo molesta y avergüenza
a muchos padres. Algunos reaccionan regañando a sus hijos por hacer
algo que, en términos de desarrollo, es normal: copiar las conductas
exaltadas de sus padres. Castigarlos o culparlos por comportarse así no
corregirá el problema. La autodisciplina de los padres, sí.
Si lo padres se comportan bien, sus hijos también lo harán.
Muestre su entusiasmo. El entusiasmo de los padres ejerce una influencia
magnética que puede usarse con buenos propósitos. Por ejemplo,
para lograr que sus hijos disfruten de los libros, comparta su entusiasmo
mientras lee. Al pedirles animadamente que presten atención a una imagen
o dibujo, puede inspirar el interés de sus hijos. Los padres que constantemente
muestren interés y entusiasmo por una actividad que aprecian, también
generarán y afirmarán el interés de sus hijos en ella.
Pero
naturalmente, para tener éxito es importante ser auténticos.
Los intereses de los padres tienen que ser verdaderos. El interés de
sus hijos no se despertará si usted hace una pantomima de su entusiasmo.
Ellos inmediatamente detectan los intentos falsos.
Trate eficazmente a la mala conducta. Cuando los niños se
comportan mal, “lo que se debe hacer y lo que no” es lo que verdaderamente
influirá en la situación. Si un niño golpea a alguien
y sus padres responden gritando o dándole una nalgada, sus acciones
estarán demostrando que gritar y pegar está permitido. Aquellos
padres que educan a sus hijos con gritos o nalgadas están sembrando
las semillas que más tarde, cuando el niño crezca, él
mismo cosechará y adoptará. Los padres prudentes, en cambio,
manejarán el mal comportamiento directamente sin usar amenazas. Si
sus hijos golpean a alguien, ¡vamos, use las habilidades del detective!
Pero además, acérquese serenamente a ellos, agáchese
para establecer un contacto visual y asegúrese de que les estén
prestando atención. Luego, explíqueles con calma y seriedad
que “en esta familia no se pega”.
En resumen
A continuación le doy un ejemplo de cómo una mamá usó estos
principios con su hijo de 2 años y medio. Ella estaba en la sala conversando
por teléfono con una amiga. En ese momento, su hijo empezó a
interrumpir la conversación. Al usar sus habilidades de detective,
se dio cuenta de que su hijo necesitaba que alguien le prestara atención.
Pidió a su amiga que la disculpara un momento, tomó algunos
de los juguetes favoritos de su hijo y los puso en un rincón de la
sala que ella pudiera ver. Durante un momento jugó con su hijo y le
transmitió su entusiasmo. Después de que el niño empezó a
participar activamente en el juego, ella volvió y continuó con
su conversación.
Esta madre pudo haber regañado a su hijo por
haberla interrumpido; pero decidió no hacerlo. Lo que hizo fue mirar
más allá de
la conducta en sí para determinar qué necesidades de desarrollo
podrían haberla causado. Después manejó la situación
con creatividad.
Esta metodología para guiar la conducta de los niños
funciona mejor cuando se pone en práctica desde el nacimiento. Cuando
llenamos el mundo infantil de asombro y entusiasmo desde el comienzo, el juego,
el aprendizaje y la conducta de los niños reflejarán un interés
activo y autodirigido. Pero nunca es demasiado tarde para empezar. Adoptar
nuevas conductas de crianza en los años posteriores no producirá resultados
inmediatos; sin embargo, es probable que a largo plazo tengan una gran influencia
positiva. No se desanime si al principio sus hijos se resisten al nuevo método.
La perseverancia es el componente esencial del desarrollo de los niños
que ejercen la autodisciplina. ¡Siga insistiendo!
Cuando los niños
están bien guiados, la autodisciplina llega
fácil y naturalmente. Esfuércese por crear un ambiente sensible
y que satisfaga las necesidades de desarrollo, es decir, un hogar que fomente
la confianza y aliente la autonomía. Aprenda a ver la conducta como
un síntoma. Pregúntese: “¿qué fue lo que
provocó esta conducta en mi hijo?”. Conviértase en un
ejemplo de acciones deseables y contagie su entusiasmo personal al mundo de
sus hijos. Cuando ocurra un mal comportamiento, trátelo de forma directa
y sincera. El camino hacia niños con autodisciplina es el camino que
muestran los adultos con autodisciplina.
La versión anterior de este artículo fue publicada en la revista Mothering
magazine, 1989, 52(2), 98–103.