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Peter Haiman, Ph.D.

 

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Organizaciones como la National Association for the Education of Young Children (Asociación nacional para la educación de los niños más pequeños), La Leche League (La Liga de la Leche), Attachment Parenting International (Organización para la crianza con apego) y la American Academy of Pediatrics (Academia norteamericana de pediatría), ya no pueden continuar políticamente inactivas. Si bien el propósito de estas organizaciones ha sido fundamentalmente educacional, su naturaleza, en cambio, ha sido mantenerse aisladas. Además, las prácticas de crianza infantil, influenciadas por valores y medios cambiantes, dañan seriamente el desarrollo de los niños.

En el año 1997, escribí "Cooperation Will Make It Happen" (La cooperación lo hará posible), publicado en el Journal of Psychohistory (Diario de psicohistoria). En este artículo describía la erosión de la familia ampliada y las consecuencias que esto trae a los niños y adolescentes, y anunciaba la realización de una reunión de líderes educacionales para crear la Alliance for Children (Alianza a favor de los niños). Aunque la reunión se realizó en Washintgon DC, en el año 1997, y la mayoría de los presentes consideraron que la alianza era fundamental para los niños y el futuro de nuestra democracia, no se llevaron a cabo más reuniones.

En los quince años que han transcurrido, la crianza de los niños en este país se ha vuelto más nociva. Están creciendo menos educados, más violentos, con menos valores humanos, y menos considerados y compasivos con los demás. Nuestros líderes se comportan más violentamente y no pueden cooperar. Es hora de que las organizaciones mencionadas arriba se unan y formen una alianza que mejore las influencias sociales y culturales en la educación de los niños para que la próxima generación

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PARA TENER ÉXITO, LOS PROGRAMAS COMUNITARIOS DEBEN CONTAR CON UNA IMPORTANTE PARTICIPACIÓN DE LOS PADRES

por el Peter Ernest Haiman, Ph.D.

Los programas de servicios sociales y educativos deben tener como prioridad conseguir y mantener la participación activa de los padres. Los centros de cuidados infantiles, las agencias de servicios sociales y las escuelas elementales y preparatorias ayudan a satisfacer las necesidades de niños, adolescentes y otros miembros de la familia, pero los padres son los que más influyen. Sin embargo, en la mayoría de los programas privados y con subsidio estatal o federal la participación de los padres no es satisfactoria.

Las actitudes de los administradores y miembros del personal de los programas con respecto a los padres y su participación son esenciales. En primer lugar, los padres son adultos. Por eso, para que la participación de los padres sea eficaz, los programas deben contemplar los roles de los padres o sus necesidades de servicios sociales y, a la vez, los intereses de los padres como adultos. Es indispensable que los padres confíen en que los administradores de programas se interesarán en ellos como adultos y como padres. Esta confianza sólo puede existir si el personal a cargo de los programas se reúne periódicamente con los padres, de manera grupal o individual, para conocer el lado adulto de cada padre.

Todos los padres, independientemente de su clase social, tienen diversos intereses, capacidades, talentos y habilidades como adultos que no usan, desconocen, no descubrieron, no reconocieron o no tuvieron la posibilidad de expresar. Los intereses de los padres como personas adultas deben analizarse meticulosamente para luego tratarlos o desarrollarlos mediante programas de educación o servicios sociales.

¿Cómo funciona?

Varios estudios demostraron que, si los adultos que participan en programas de servicios sociales y educativos son los que dan inicio a las actividades del proyecto, participan regularmente en la toma de decisiones y dan forma a dichas actividades, desarrollarán una sensación personal de pertenencia a esas tareas. Según los estudios, los adultos participan en programas cuando reconocen que su participación los beneficia como adultos, ayuda a las personas a las que quieren auxiliar o promueve una causa en la que creen. Esta sensación de pertenencia personal es lo que impulsa su participación en el programa. La participación se mantiene cuando consideran que el programa cumplió realmente sus expectativas y los retribuyó.

Los niños y adolescentes también se benefician con la participación de los padres. Tienen importantes necesidades de desarrollo para tomar decisiones e influir en sus vidas. Si los padres logran imponer su voluntad, es más probable que sus hijos tengan más seguridad en sí mismos y sean independientes.

Oportunidades para tomar decisiones

En nuestra sociedad, a muchos padres no se les permitía evaluar opciones de vida y tomar decisiones cuando eran niños y adolescentes, sobre todo si tenían un nivel económico bajo. Dado que afrontaban graves problemas y no podían atender sus necesidades, no tenían oportunidades para tomar decisiones constructivas.

La sensación de pertenencia, derivada de las diversas experiencias continuas en la toma de decisiones de programas de participación, es como un imán para estos padres. El motivo es claro. ¿Cuántas veces las personas, sobre todo los pobres, sienten que tienen un control personal sobre su vida? ¿Cuántas oportunidades tienen de participar en la toma de decisiones para elaborar programas importantes para ellos, sus hijos y demás miembros de la familia?

La estructura comunitaria

Desde la época de los puritanos, la importancia de la comunidad para la vida familiar y la crianza de los hijos quedó bien demostrada. Hoy, la inexistencia de una vida comunitaria unida y eficaz es un problema que contribuye al distanciamiento, la soledad y la falta de apoyo que sienten los adultos de todas las clases sociales. Los padres suelen imponer estas frustraciones a niños o adolescentes vulnerables. Uno de los principales objetivos de cualquier programa de servicios sociales y educativos debe ser ayudar a los padres a crear una estructura comunitaria. Cuando los administradores y el personal de los programas ofrecen a un grupo de padres la posibilidad de decidir que, como adultos, quieren que el programa les enseñe a preparar comidas nutritivas para su familia, están dando un paso hacia la creación de una estructura comunitaria. Cuando un grupo de padres decide que quieren utilizar una escuela o un centro como establecimiento de recreación para adultos, por ejemplo, para jugar a las cartas o bailar, está dando un paso importante hacia la creación de una estructura comunitaria.

En los programas de servicios sociales y educativos para familias de bajos ingresos, la contratación de líderes adultos autóctonos contribuye a fomentar la participación de los padres y crear un sentido de comunidad. Es a estas personas a quienes acuden precisamente otros adultos que viven en el mismo vecindario cuando necesitan ayuda.

Los líderes comunitarios autóctonos son los indicados para comunicar los objetivos del programa a la comunidad de padres. Además, están al tanto de los problemas o inquietudes de los padres y pueden comunicarlos, de manera eficaz, a los administradores y al personal del programa. Con una formación mínima, estos líderes del vecindario pueden participar en el proceso continuo de aprendizaje de las diversas características de los niños, adolescentes, padres y otros miembros de la familia. Estos miembros del personal de los programas de vecindario son un ejemplo para los padres.

Administración de programas

Los programas de servicios sociales y educativos deben requerir la representación de los padres en juntas administrativas y comités de programa. Los padres deben tener las facultades necesarias para garantizar que las actividades del programa atiendan las inquietudes e intereses de los otros padres que participan en el programa, así como las necesidades de niños y adolescentes. La ausencia de estas juntas administrativas y comités de padres en la mayoría de los centros preescolares, centros de cuidados infantiles, escuelas y programas de servicios sociales impide, en gran medida, la participación de los padres.

Y dicha participación suele ser desalentada por la actitud de los administradores y el personal de los programas hacia ella. La mayoría de los directores centran sus esfuerzos programáticos sólo en la educación y en los servicios sociales que hacen falta. Algunos programas no reconocen que los padres son la principal influencia sobre un niño o adolescente. Muchos administradores no tienen el conocimiento, la capacidad o la motivación que se necesita para conseguir que los padres tengan una gran participación. En consecuencia, estos programas carecen de juntas administrativas y comités de padres.

Existe una gran cantidad de programas de educación y servicios sociales con subsidio estatal y federal que requieren la participación de los padres en juntas administrativas y comités. Sin embargo, en muchos de ellos, la participación de los padres no es adecuada. Aunque la mayoría de estos programas tengan normas y procedimientos estándar sobre la participación de los padres, son pocos los administradores y miembros del personal que los incitan a participar en juntas administrativas y comités de programa.

Algunos directores temen compartir el control del programa con los padres. Creen que si los padres tienen demasiadas oportunidades de supervisar el programa, su propio poder administrativo será menor. Estos directores suelen sentir que pueden perder el control del programa y la posibilidad de administrarlo de manera tal que los satisfaga a ellos y a sus supervisores. Para controlar este temor, algunos directores sólo permiten la participación de una cantidad limitada de padres o eligen a aquellos que no representan amenazas administrativas. Otros directores asignan a estas juntas muchos más profesionales o empleados de su elección que padres. De esta forma, los padres sienten que su poder personal y colectivo es cada vez menor.

Una capacitación adecuada puede ayudar a los administradores a superar los temores y las preocupaciones de perder el control del programa. Esta capacitación debería estar a cargo de administradores actuales y anteriores de servicios sociales y educativos, con una trayectoria exitosa en la administración de programas en que los padres tomaban decisiones.

Cuando los responsables de supervisar y administrar programas impulsen, implementen y supervisen estrategias para generar una amplia participación de los padres, veremos una mejora notable en el desarrollo y el bienestar de los niños, los padres, las familias y las comunidades de los Estados Unidos.

Este artículo fue publicado en The Brown University Child and Adolescent Behavior Letter, marzo de 1998, 14(3).



 
 
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