Enseñemos a nuestros hijos a ser ciudadanos democráticos
Como ciudadanos estadounidenses, nos enorgullecemos de ser
parte de una democracia. Sin embargo, ¿cuál es
la mejor forma, como adultos, de ayudar a nuestros niños
y adolescentes a adquirir las habilidades necesarias para ser
competentes en la práctica de una ciudadanía
democrática? Tanto en los hogares como en las escuelas,
les enseñamos
qué buen sistema político es la democracia. Conversamos
sobre cuán mejor es tener libertad individual que vivir
bajo un régimen dictador o autoritario. Analizamos las
vidas de Washington, Franklin, Jefferson, Adams, Lincoln, y
otros. Y aún así fallamos en dar a los jóvenes
las actitudes, las habilidades, y la práctica necesarias
para ser personas que tomen sus propias decisiones e individuos
considerados y competentes. La mayoría de las veces,
ni nuestros hogares ni las escuelas tienen como meta principal
la creación de individuos hábiles que toman decisiones
ni ciudadanos hábiles y democráticos.
¿Cómo esperar que nuestra democracia sobreviva cuando,
la mayoría de las veces, los padres y los maestros no sólo
no llegan a educar a los jóvenes para ser hábiles
tomadores de decisiones, sino que continúan siendo ejemplos,
en su mayoría, de autoritarismo interpersonal y estilos
políticos? El mensaje que demasiados padres y maestros
están dando a la próxima generación es que
el verdadero poder se obtiene y se mantiene a través del
control autoritario, y no con medios democráticos. Como
resultado, nuestra democracia correrá riesgos hasta que
nuestros hogares y escuelas se den cuenta de que ya es hora de
cambiar.
Alentando a los niños a ser curiosos
Los niños, por naturaleza, traen
consigo una enorme cantidad de preguntas orales y no orales. A menudo,
los adultos respondemos a esas preguntas en lugar de animar a los
pequeños y a los jovencitos a que las busquen por sí mismos.
Las investigaciones han demostrado que esta práctica ejerce
un efecto nocivo en la motivación para aprender de nuestros
hijos. Hace que los niños dejen de asombrarse y de preguntar.
Esta práctica inhibe la capacidad de exploración y de
descubrimiento, y provoca el detenimiento del desarrollo de las aptitudes
de pensamiento crítico. Sin embargo, los adultos seguimos usándola.
Los adultos—padres y maestros—actuamos didácticamente
cuando alentamos a los niños y los adolescentes a ser más
curiosos y a pensar más.
¿Qué necesidad o necesidades tan fuerte(s) tenemos los
adultos que nos lleva(n) a suprimir la curiosidad de un niño,
incluso cuando en realidad esa no es nuestra verdadera intención?
Si usted cree que podría estar haciendo esto, le sugiero que
busque dentro de sí mismo e intente encontrar el porqué.
Sea la razón que sea, esfuércese por evitar contestar
automáticamente a las preguntas que les hagan sus hijos e inventen
formas de mostrarles cómo hallar respuestas por sí solos.
Cuando usted logre hacerlo, no sólo beneficiará a sus
hijos sino que además—y esto puede que le sorprenda—aumentará la
curiosidad y la habilidad que usted tiene de arriesgarse y de aprender
cosas nuevas.
La mayoría de los padres no reciben información correcta acerca de
la crianza de sus hijos
¿Los padres consiguen toda la información que
necesitan para criar a sus hijos? Piénsenlo. En los
Estados Unidos, la mayor parte de las investigaciones sobre
desarrollo y crianza infantil se publica en idioma inglés.
Son pocos los padres que leen las revistas académicas
en donde aparece dicha información. Algunos leen revistas
diseñadas para padres. Sin embargo, la mayoría
de estas revistas no informan adecuadamente las investigaciones
realizadas. Los padres que tienen tiempo para leer suelen ser
de clase media y hablar inglés. ¿Las investigaciones
basadas en la práctica y la experiencia, que tratan
sobre el crecimiento y el desarrollo de niños y adolescentes,
logran llegar a la vasta mayoría de padres? La respuesta
es un NO rotundo.
Quizás el error más grande que cometan aquellas
personas competentes en los campos de desarrollo humano y crianza/educación
es confiar en la palabra escrita. ¿Por qué no crear
videos de duración corta o canciones sobre la crianza infantil
que sean sensibles a las preferencias étnicas, sociales,
culturales e idiomáticas de los padres? ¿Han pensado
el valor que tiene una canción creada con padres, cantada
por padres e hijos, y diseñada para padres e hijos? Pensemos
creativamente y veremos que la música es un instrumento
poderoso que serviría para alcanzar a todos los segmentos
de nuestra población y enseñarles la tarea más
importante de los adultos: ser padres sensibles, cariñosos
y receptivos. Esfuerzos como éste podrían iluminar
al mundo entero. Después de todo, la paz entre las naciones
depende, en gran parte, de la forma en que cada nación
cría y educa a sus niños.
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