Terminemos con la violencia
Como sociedad, nuestro futuro será tan sólido y seguro como las prácticas de crianza infantil que usemos. Debemos entender la relación que existe entre las experiencias a edades tempranas y el desarrollo saludable de los niños. Incluso el célebre psicólogo John Bowlby dijo: “Ha habido—y sigue habiendo—médicos clínicos y otros… a los que les ha costado creer que el hecho de que un niño pueda estar con su figura de apego o no, sea un factor crucial para determinar si ese niño (o adulto, si vamos al caso) es feliz o está afligido".
Ignorar esta necesidad esencial para el apego a edades tempranas significa montar el escenario para la violencia crónica durante la niñez. La ausencia de una crianza adecuada o de figuras principales de apego constituye, según el punto de vista de un niñito, un acto de violencia. Todos aquellos que toman decisiones acerca de la vida de un niño—desde los padres hasta incluso los maestros y los que producen canciones o videos para que miren los niños—deben reconocer el impacto devastador de dicha violencia y, por el contrario, esforzarse para crear un mundo más pacífico y con más amor, poniendo el énfasis en los valores humanos, para la generación que vendrá.
Libertad y responsabilidad
Muy a menudo, oigo a padres que culpan a sus hijos pequeños o adolescentes por su mala conducta, cuando en realidad, la verdadera responsabilidad yace justamente en la educación inadecuada que le dan sus padres. He visto a padres que castigan y regañan a sus niñitos, jovencitos o hijos en edad preescolar, por conductas que tienen origen directo en su ignorancia a la hora de criarlos. Hoy en día, existe una gran cantidad de padres (en aumento, por cierto) que no saben educar correctamente a sus hijos. No se esfuerzan por encontrar información adecuada sobre el desarrollo de los niños y los adolescentes, ni sobre cómo educarlos. El resultado es más distanciamiento entre padres e hijos, más adolescentes que consumen drogas, una mayor adhesión a las pandillas, más violencia, más niños que abandonan la escuela, más delincuencia y depresión.
También he oído a padres que culpan al Congreso por no resolver los problemas de nuestro país, ya sean la crisis de la deuda, la pérdida del empleo o el conflicto internacional. He leído declaraciones de algunos que dicen que como castigo, los pagos de los miembros del Congreso deberían ser retenidos... ¡como si esa fuera una solución! Si esos padres hubieran analizado mejor a los candidatos antes de votarlos, hubiesen podido reconocer sus personalidades autoritarias. Podrían haber previsto la capacidad de estas personas para usar técnicas obstruccionistas, y su inhabilidad para trabajar para lograr un compromiso equilibrado o para gobernar eficientemente.
Cuando se trata de criar a nuestros hijos y de administrar la democracia, ¿quién es realmente responsable?
Tomar decisiones cooperativamente
En su juventud, ¿le dieron la oportunidad de aprender cómo tomar buenas decisiones? A lo que me refiero es si, antes de tomar una decisión, le enseñaron a evaluar los pro y los contra de las opciones que usted tenía en ese momento, y los efectos que cada una de ellas tenían en los demás. También me refiero a cómo escoger una buena alternativa en caso de que el plan elegido fallara.
Es importante que los jóvenes practiquen este tipo de habilidades. Sin embargo, muchos padres y educadores no ofrecen regularmente estas oportunidades a los jóvenes de hoy.
Los padres y los maestros de clase deberían hacer participar a los jóvenes en la toma de decisiones acerca de su educación, los procedimientos de la clase, su conducta y las consecuencias de su conducta. En las escuelas, los consejos de políticas elegidos por los estudiantes podrían reunirse frecuentemente con el director/la directora para participar en la toma de decisiones acerca de la administración general de la escuela. En los hogares, los miembros de la familia podrían reunirse semanalmente para intentar que los niños participen en decisiones acerca del funcionamiento de la familia, en especial con respecto a las acciones que afectan directamente a esos niños.
Las investigaciones han demostrado que cuando en la escuela y en el hogar se les permite a los jóvenes participar en la toma de decisiones acerca de su vida, son más responsables de ellos mismos y de su aprendizaje que otros jóvenes cuyas decisiones son tomadas por otras personas. ¿Y adivine qué más ocurre? Saben tomar mejor sus decisiones.
Consejeros para los niños en los tribunales de familia
Las decisiones tomadas en los tribunales de familia que afectan
la vida de los niños y que no estén basadas en teorías del desarrollo psico-social respaldadas por la investigación, como la teoría del apego, podrían herir la validez misma de los tribunales. Tales decisiones también podrían causar daños psicológicos en el niño a corto o a largo plazo.
En muchos estados, los niños no tienen su propio representante legal. Cada niño debería tener el derecho de que sus necesidades de desarrollo sean completamente descritas en los tribunales. Si van a tomarse decisiones con conocimiento de causa a favor del niño y si van a establecerse planes de crianza adecuados, deberá comprenderse la historia de vida particular del niño. Esto requiere el entendimiento de la investigación y del niño como ente individual. No puede lograrse solo con abogados. Se necesitan consejeros que entiendan la teoría del desarrollo y la investigación hecha al respecto, y también las necesidades particulares del niño.
Al evaluar un plan de crianza, los pequeñitos y los niños en edad preescolar tienen la habilidad de indicar cuán bien está funcionando. Incluso aquellos que no hablan expresan sus necesidades de forma sutil. Los consejeros son importantísimos en esta etapa, también, para decir ante los tribunales si el plan está funcionando o no. ¿Cuándo este proceso vital se convertirá en
algo habitual en el sistema de tribunales de familia? Creo
que tenemos un largo camino por recorrer.
Enseñemos a nuestros hijos a ser ciudadanos democráticos
Como ciudadanos estadounidenses, nos enorgullecemos de ser
parte de una democracia. Sin embargo, ¿cuál es
la mejor forma, como adultos, de ayudar a nuestros niños
y adolescentes a adquirir las habilidades necesarias para ser
competentes en la práctica de una ciudadanía
democrática? Tanto en los hogares como en las escuelas,
les enseñamos
qué buen sistema político es la democracia. Conversamos
sobre cuán mejor es tener libertad individual que vivir
bajo un régimen dictador o autoritario. Analizamos las
vidas de Washington, Franklin, Jefferson, Adams, Lincoln, y
otros. Y aún así fallamos en dar a los jóvenes
las actitudes, las habilidades, y la práctica necesarias
para ser personas que tomen sus propias decisiones e individuos
considerados y competentes. La mayoría de las veces,
ni nuestros hogares ni las escuelas tienen como meta principal
la creación de individuos hábiles que toman decisiones
ni ciudadanos hábiles y democráticos.
¿Cómo esperar que nuestra democracia sobreviva cuando,
la mayoría de las veces, los padres y los maestros no sólo
no llegan a educar a los jóvenes para ser hábiles
tomadores de decisiones, sino que continúan siendo ejemplos,
en su mayoría, de autoritarismo interpersonal y estilos
políticos? El mensaje que demasiados padres y maestros
están dando a la próxima generación es que
el verdadero poder se obtiene y se mantiene a través del
control autoritario, y no con medios democráticos. Como
resultado, nuestra democracia correrá riesgos hasta que
nuestros hogares y escuelas se den cuenta de que ya es hora de
cambiar.
Alentando a los niños a ser curiosos
Los niños, por naturaleza, traen
consigo una enorme cantidad de preguntas orales y no orales. A menudo,
los adultos respondemos a esas preguntas en lugar de animar a los
pequeños y a los jovencitos a que las busquen por sí mismos.
Las investigaciones han demostrado que esta práctica ejerce
un efecto nocivo en la motivación para aprender de nuestros
hijos. Hace que los niños dejen de asombrarse y de preguntar.
Esta práctica inhibe la capacidad de exploración y de
descubrimiento, y provoca el detenimiento del desarrollo de las aptitudes
de pensamiento crítico. Sin embargo, los adultos seguimos usándola.
Los adultos—padres y maestros—actuamos didácticamente
cuando alentamos a los niños y los adolescentes a ser más
curiosos y a pensar más.
¿Qué necesidad o necesidades tan fuerte(s) tenemos los
adultos que nos lleva(n) a suprimir la curiosidad de un niño,
incluso cuando en realidad esa no es nuestra verdadera intención?
Si usted cree que podría estar haciendo esto, le sugiero que
busque dentro de sí mismo e intente encontrar el porqué.
Sea la razón que sea, esfuércese por evitar contestar
automáticamente a las preguntas que les hagan sus hijos e inventen
formas de mostrarles cómo hallar respuestas por sí solos.
Cuando usted logre hacerlo, no sólo beneficiará a sus
hijos sino que además—y esto puede que le sorprenda—aumentará la
curiosidad y la habilidad que usted tiene de arriesgarse y de aprender
cosas nuevas.
La mayoría de los padres no reciben información correcta acerca de
la crianza de sus hijos
¿Los padres consiguen toda la información que
necesitan para criar a sus hijos? Piénsenlo. En los
Estados Unidos, la mayor parte de las investigaciones sobre
desarrollo y crianza infantil se publica en idioma inglés.
Son pocos los padres que leen las revistas académicas
en donde aparece dicha información. Algunos leen revistas
diseñadas para padres. Sin embargo, la mayoría
de estas revistas no informan adecuadamente las investigaciones
realizadas. Los padres que tienen tiempo para leer suelen ser
de clase media y hablar inglés. ¿Las investigaciones
basadas en la práctica y la experiencia, que tratan
sobre el crecimiento y el desarrollo de niños y adolescentes,
logran llegar a la vasta mayoría de padres? La respuesta
es un NO rotundo.
Quizás el error más grande que cometan aquellas
personas competentes en los campos de desarrollo humano y crianza/educación
es confiar en la palabra escrita. ¿Por qué no crear
videos de duración corta o canciones sobre la crianza infantil
que sean sensibles a las preferencias étnicas, sociales,
culturales e idiomáticas de los padres? ¿Han pensado
el valor que tiene una canción creada con padres, cantada
por padres e hijos, y diseñada para padres e hijos? Pensemos
creativamente y veremos que la música es un instrumento
poderoso que serviría para alcanzar a todos los segmentos
de nuestra población y enseñarles la tarea más
importante de los adultos: ser padres sensibles, cariñosos
y receptivos. Esfuerzos como éste podrían iluminar
al mundo entero. Después de todo, la paz entre las naciones
depende, en gran parte, de la forma en que cada nación
cría y educa a sus niños.
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